- On Visions an Resurrections: Can Hallucination Account for the Post-Crucifixion Appearances of Jesus?
- Skeptic Magazine © – 1 Febrero, 2012
- Por Gary J. Whittenberger
- Traducido por Daniel Norero
En respuesta a los avances de la alta crítica bíblica, la ciencia, la filosofía, y el escepticismo, a lo largo de la mitad del siglo pasado muchos pensadores cristianos se han retirado de la literalidad bíblica, argumentos de autoridad, y la fe ciega en las escrituras. En cambio, han empezado a confiar más en argumentos tales como “inferencia hacia la mejor explicación” para defender algunas de sus creencias básicas, incluyendo especialmente el dogma central de que Jesús resucitó de la muerte. De acuerdo a muchos apologistas cristianos modernos, hay cinco “hechos” que rodearon la muerte de Jesús que deben ser explicados:
- Jesús fue crucificado por los romanos en Jerusalén en el 30 a 33 DC.
- Se creía en el momento que Jesús había muerto en la cruz.
- Jesús fue colocado en una tumba en un viernes por la tarde.
- La tumba fue encontrada vacía por una o más mujeres el siguiente domingo por la mañana.
- Se creía que Jesús se reunió con sus seguidores en varias ocasiones después de que la tumba se encontró vacía.
Los apologistas cristianos más modernos, no sólo creen que la hipótesis de la resurrección explica estos cinco ”hechos” mejor que cualquier otra hipótesis, sino que creen que es verdad más allá de una duda razonable.
La historia de la resurrección se convirtió en la piedra angular de la fe cristiana cuando Pablo dijo: ”Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (I Corintios 15:14). Por el contrario, los secularistas piensan que otras hipótesis explican los “hechos” mucho mejor que la hipótesis de la resurrección, que la hipótesis de la resurrección es extremadamente improbable, y que, a esta altura de nuestro conocimiento, ninguna persona racional debería creer.
Hay muchas explicaciones para el origen de la idea de la resurrección cristiana, sobre todo la idea de que se desarrolló a partir de las variadas tradiciones paganas anteriores sobre muerte y resurrección de los dioses. Sin embargo, me centraré aquí en la hipótesis que recientemente ha sido objetivo de un renovado ataque cristiano, que puede considerarse para los “hechos” mencionados al principio. Esta hipótesis puede ser simplemente definida: Después de que Jesús murió por crucifixión y fue colocado en el sepulcro, su cuerpo fue retirado de la tumba por personas desconocidas quienes lo colocaron en un lugar desconocido. Además, después de que las mujeres descubrieron que la tumba estaba vacía, uno o más de los discípulos íntimos de Jesús tuvieron una visión o alucinación audio-visual de Jesús, que él o ellos interpretaron como el “Jesús resucitado”, que se convirtió en la base de las historias del evangelio y la difundida creencia de la resurrección.
El propósito de este ensayo es demostrar que la hipótesis de la alucinación es una explicación plausible de las “apariciones” post-crucifixión de Jesús, y para defenderla de algunas de las críticas actuales de los apologistas cristianos.
En los evangelios hay ocho historias de apariciones de Jesús a sus seguidores después de su crucifixión. Estas aparecen cerca de los finales de tres de los Evangelios: Mateo, Lucas y Juan. Ahora es conocido por la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento que en el evangelio original de Marcos no había historias de “apariciones” post-crucifixión de Jesús. En este ensayo, en aras de la simplicidad, me referiré sólo a tres de las ocho historias de apariciones – aquellas en las que Jesús se aparece a un grupo con la mayoría de los discípulos, unos 10 u 11 de ellos. Estas tres historias en tres diferentes evangelios parecen referirse al mismo evento. Las otras cinco historias no se repiten en los tres evangelios.
En Mateo 28:16-20, se dice que Jesús se reunió con 11 de sus discípulos (al parecer exceptuando Judas) en una montaña de Galilea que les había indicado. A pesar de que algunos de los discípulos tenían dudas sobre lo que estaba pasando (no especificadas en el texto), Jesús supuestamente instruyó a los discípulos a salir al mundo a predicar y bautizar. Es significativo que en este relato Jesús menciona las tres personas que más tarde llegaron a ser llamadas la “Trinidad“.
De acuerdo con la segunda historia (mucho más compleja que la primera), tomada de Lucas 24:36-53, Jesús se reunió con un número no especificado de los discípulos en Jerusalén y cerca de Betania. Se supone que abrió diciendo: “Paz a vosotros.” Entonces, al parecer para confirmar su identidad, Jesús llamó la atención sobre sus manos y pies e instó a los discípulos que le tocasen. La historia no dice si ellos hicieron caso. Entonces, al parecer para confirmar su corporeidad, Jesús pidió de comer, lo recibió, y se lo comió. Jesús les dijo que lo que le había sucedido era el cumplimiento de las escrituras, que un ser especial debía sufrir, morir, y resucitar de entre los muertos al tercer día. Por último, les instó a llevar su mensaje al mundo, empezando en Jerusalén, y después ascendió al cielo.
En la tercera historia encontrada en Juan 20:19-23, Jesús se reunió con 10 de los discípulos (al parecer, excluyendo Judas y Tomás) en una habitación cerrada en algún lugar cerca de Jerusalén, supuestamente, en el mismo día que las mujeres habían encontrado la tumba vacía. En este relato Jesús también comenzó diciendo: “Paz a vosotros”, y dijo esto en una segunda ocasión durante la reunión. Llamó la atención sobre sus manos y costado (no sus pies). Instó a los discípulos a entrar en el mundo y predicar, les asignó la autoridad para perdonar los pecados, y sopló sobre ellos el “Espíritu Santo”. Asumo que las tres historias se refieren al mismo evento, ya sea que el evento fue una reunión real del Jesús resucitado con los discípulos, el núcleo de una alucinación, o producto de fabricación. Este supuesto se justifica porque las tres historias comparten tres elementos:
1.- Jesús se encuentra con un grupo grande de discípulos (10 o 11); ellos lo ven y lo oyen.
2.- Jesús instruye al grupo a salir al mundo y predicar.
3.- La reunión se produce después de la crucifixión.
Sólo una de esas reuniones se menciona en Mateo y Lucas, pero dos reuniones similares se mencionan en Juan, sólo la primera de ellas se considera aquí. Cualquier hipótesis razonable de alucinación debe proporcionar una explicación adecuada de este relato básico en el que Jesús se encuentra con un grupo grande de discípulos. Un análisis cuidadoso muestra que sólo hay otros dos elementos que son comunes a dos de las tres historias (Lucas y Juan), Jesús dice: “Paz a vosotros”, y llama la atención sobre sus manos. Todos los demás elementos son exclusivos de las tres historias individuales.
Teniendo en cuenta que los discípulos de Jesús vivieron con él durante dos o tres años, lo querían profundamente, y fueron afligidos en gran medida al enterarse de su crucifixión, es muy probable que uno o más de ellos tuviese algo así como una “alucinación de duelo” dolorosa, poco después de su supuesta muerte. El apologista cristiano Michael Licona, quien descarta cualquier hipótesis de alucinación, ofrece sin embargo algunos datos actuales que apoyan esta idea. Él escribe: “Alrededor del 15 por ciento de la población experimenta una o más alucinaciones durante toda su vida” y “los adultos mayores que están en medio del sufrimiento por la pérdida de un ser querido, pertenecen a un grupo que experimenta uno de los porcentajes más altos de alucinaciones: ¡Un grandísimo 50 por ciento!”[1] En un estudio de 1971, William Rees clasificó diferentes tipos de alucinaciones dentro de una muestra en duelo, encontrando que el 39% de su muestra “sintió la presencia” del fallecido, el 14% lo vio, el 13% lo escuchó, e incluso el 2% sintió el contacto del ser querido fallecido.[2] En un estudio más reciente, de 1993, A. Grimby encontró que el 50% de su muestra de duelo ”sintió” la presencia del fallecido, el 26% lo vio, y el 30% lo escuchó.[3] Teniendo en cuenta las condiciones en que los discípulos se encontraban, sería sorprendente si uno o dos de los 10 o 11(9-20%) no experimentara una alucinación de Jesús. Esta alucinación (o dos), probablemente fue la base de la singular historia de la aparición discutida anteriormente.
Tal vez la objeción más común a la hipótesis de la alucinación es que es imposible o improbable que 10 u 11 discípulos hayan tenido la misma alucinación de Jesús, al mismo tiempo. Por ejemplo, Licona dice: “Por otra parte, también debe ser propuesto que cuando se produjeron estas alucinaciones, ocurrieron de forma simultánea.” [4] En otra parte él y Gary Habermas, señalan que “sabemos que las alucinaciones son sucesos privados, que se producen en la mente de un individuo. No son experiencias colectivas. En un grupo, todas las personas pueden estar en el estado de ánimo a alucinar, pero cada uno experimenta alucinaciones sobre una base individual. Tampoco van a experimentar la misma alucinación”[5]. Para apoyar su posición, Licona cita al psicólogo Gary A. Sibcy, quien escribe:”. Yo… todavía tengo que encontrar un solo caso documentado de una alucinación grupal, es decir, un evento en el que más de una persona supuestamente compartió en forma visual u otra percepción sensorial, donde evidentemente no había referente externo “[6].
Al parecer, Sibcy no encontró los casos documentados descubiertos por el periodista e investigador paranormal Joe Nickell: Eugene Barbadette, su hermano José, y otros vieron a la Virgen María en Pontmain, Francia, el 17 de enero de 1971.[7] Lucía de Jesús dos Santos y sus dos primos vieron la Santísima María varias veces, incluyendo el avistamiento del 13 de julio de 1817, en Fátima, Portugal.[8] Más recientemente, María Cruz González y sus tres acompañantes también vieron a la madre de Jesús en el pequeño pueblo de San Sebastián de Garabandal, España , el 2 de julio de 1961.[9] Los informes de estos tres casos se asemejan a nuestra historia sobre el encuentro de Jesús con los discípulos en el sentido de que más de una persona “vió y oyó” a otra persona, una figura religiosa, que se supone ha muerto. En los tres casos citados por Nickel, se puede suponer que no había “ningún referente externo”, ya que había otras personas presentes en el momento que ni vieron ni oyeron a la Beata María. A pesar que una hipótesis de “conspiración de engaño” podría ser una alternativa plausible a la hipótesis de “alucinación compartida” para estos casos, esto también es válido para la historia de Jesús. Baste decir, es posible que más de una persona en un grupo tenga una alucinación con un contenido similar.
Supongamos por un momento que sólo uno de los discípulos tuvo una alucinación de duelo sobre Jesús. ¿Podría esto considerarse para nuestra historia final? Sí, podría. He aquí cómo: Si bien por sí mismo, un discípulo podría haber tenido una alucinación auditoria/visual, no sólo de Jesús, sino de sus condiscípulos dentro del marco de la misma percepción. Un relato de esta experiencia podría ser fácilmente transformado en la historia: “Los discípulos se reunieron con Jesús resucitado.” Otra alternativa posible es que mientras esta en la presencia de los otros discípulos, uno de los discípulos podría haber tenido la alucinación de Jesús solo, pero esto fue combinado en el mismo marco perceptual sentido por los otros discípulos realmente presentes. Y, sin embargo, el rumor que fue propagado podría haber sido “Los discípulos se reunieron con el Jesús resucitado.”
Ahora tratemos con la posibilidad de que dos de sus discípulos en el grupo tuvieron la misma alucinación de Jesús, al mismo tiempo. ¿Podría suceder esto? Incluso Habermas y Licona admiten, “En un grupo, todas las personas pueden estar en el estado de ánimo a alucinar”. [10] Diferentes personas en un grupo puede alucinar al mismo tiempo! Esto es más probable si las personas comparten un contexto psicológico común que si no lo hacen. Seguramente, si los discípulos estaban reunidos juntos y en duelo por la muerte de su amado Jesús, estarían compartiendo un contexto psicológico común, y no sería especialmente sorprendente si más de uno de ellos alucinara con Jesús en el mismo plazo de corto tiempo. Pero, ¿Sus alucinaciones serían idénticas? Por supuesto que no! Pero ¿Podrían ser similares? Sí, podrían serlo. Dos discípulos podrían haber tenido alucinaciones simultáneas de Jesús que, si los relatos de estas experiencias han sido cuidadosamente comparados en algún tipo de interrogatorio, lo más probable es que muestren variación en los detalles, como lo que Jesús estaba usando, cuan herido se veía, que gesto usó, y lo que dijo e hizo. Los dos discípulos podrían simplemente haber acordado después que ellos vieron/escucharon a Jesús, pero nunca compararon sus experiencias individuales en detalle. Cualquier rumor que posteriormente dio lugar a nuestro relato evangélico final podría haberse basado únicamente en un solo relato de uno de los dos discípulos que alucinaron al mismo tiempo, o en una fusión de los dos relatos.
Llama la atención la supuesta declaración de Jesús: “Paz a vosotros”, que aparece una vez en la versión de Lucas y dos veces en la versión de Juan de la historia post-crucifixión. Debido a que es breve y concisa, y es el tipo de cosas que Jesús podría haber dicho a sus discípulos una y otra vez cuando estaba vivo (como un saludo o un adiós) es una buena candidata para su inclusión en una alucinación de duelo. Mi hipótesis es que durante la semana siguiente de la crucifixión de Jesús, uno de los discípulos influyentes (quizá dos) tuvo una alucinación de duelo auditivo-visual de Jesús diciendo: “Paz a vosotros.” Esta alucinación o bien incluye a los otros discípulos en el marco de percepción o fue experimentada en la presencia de estos. Sospecho que un relato de esta alucinación formó el núcleo de nuestra historia final y que los otros detalles de las tres versiones del Evangelio sobre la historia son adornos, diseñados principalmente para propósitos teológicos, pedagógicos, o apologéticos. Mis hipótesis cuentan para los ‘hechos’ de nuestro caso y son mucho más probables que sean ciertas, que la hipótesis de que Jesús murió, volvió a la vida, se reunió con sus discípulos, y ascendió al cielo.
En su crítica de la hipótesis de alucinación, Habermas y Licona afirman que “las alucinaciones no dan cuenta de la tumba vacía.” [11] Pues bien, por supuesto que no! No se supone que lo hagan. La tumba vacía se explica por diferentes hipótesis – diferentes personas retiraron el cadáver de la tumba y lo colocaron en un lugar desconocido. Habermas y Licona fallan al conectar la hipótesis correcta al “hecho” correcto de ser explicado. Por otro lado, hay buenas razones para creer que las alucinaciones de duelo de Jesús serían más probables de ocurrir si la tumba se encontrase vacía que si se encontrase conteniendo todavía el cuerpo de Jesús. El conocimiento de la tumba vacía establecería el escenario para una parte de la mente de un discípulo doliente, para crear inconscientemente una alucinación de Jesús, e interpretarlo como un apoyo para la idea del “Jesús resucitado”.
En este sentido, el destacado apologista cristiano William Lane Craig comentó: “Los discípulos no estaban dispuestos psicológicamente para producir alucinaciones. Las visiones requieren un especial estado de ánimo o un estímulo artificial a través de medicamentos con el fin de que se produzcan. Pero los discípulos después de la crucifixión de Jesús quedaron absolutamente abrumados y en ningún estado de ánimo de alucinar. ”[12] En efecto, en la hipótesis de la alucinación de duelo, se debe a que los discípulos estaban” totalmente abrumados”, que estaban en un “estado mental especial” que los dejo muy “dispuestos a producir alucinaciones”. Dejando a un lado los casos de enfermedad mental extrema y la intoxicación por sustancias, el dolor profundo puede ser el estado mental especial más frecuentemente asociado con la experiencia alucinatoria.
Craig ha afirmado que una hipótesis de alucinación no trata con varios hechos, pero parece estar equivocado en todos los aspectos. Él escribe, por ejemplo, “no se puede explicar cómo en tan corto tiempo experiencias alucinacinatorias podrían ser transformadas por completo en los relatos de los evangelios.” [13] En primer lugar, las experiencias no han sido completamente transformadas en los relatos de los evangelios, sino que han formado el núcleo de las narraciones y se han embellecido. En segundo lugar, la diferencia de tiempo real entre la alucinación y la narración del Evangelio no hubiera sido en “tan poco tiempo”, si no que habría sido en 40-70 años! Además, Craig afirma que la hipótesis de la alucinación no puede explicar “por qué los testigos presenciales de esas experiencias deberían haber tenido absolutamente ningún control sobre el desarrollo de los relatos de lo que había sucedido realmente.” [13] En este caso debemos suponer que los “testigos visuales de esas experiencias” son idénticos a las personas alucinantes. Sin embargo, Craig no presenta ninguna evidencia para apoyar su hipótesis de que “no tenían absolutamente ningún control sobre el desarrollo.” Probablemente tenían algún tipo de control, especialmente si repitieron el relato de su experiencia alucinatoria. Además, habría una muy buena razón por la que podrían haber perdido el control sobre sus relatos iniciales – ¡Probablemente estaban muertos en el momento en que las narraciones de los Evangelios fueron escritos! Un discípulo de sólo 20 años de edad en el 30 D.C., aproximadamente –aproximadamente cuando Jesús fue crucificado- tendría que haber tenido entre 60 y 90 años de edad cuando los tres Evangelios fueron escritos. De acuerdo a una tabla de esperanza de vida presentada por el historiador Richard Carrier, la probabilidad de que una persona hubiese tenido esa edad en el siglo I, hubiera sido menos del 2% [14]. Pero incluso si estuvieran vivos, los discípulos estaban probablemente demasiado lejos en términos de distancia geográfica y manejo de la lengua griega de los escritores de los Evangelios reales, para tener una influencia significativa después de que los rumores se hubiesen extendido. Por último, Craig dice: “La teoría no puede tratar con los primeros creyentes distinguiendo con precisión entre una mera visión y una apariencia real de Jesús.”[15] Sin duda, algunos de los que experimentan alucinaciones de duelo concluyen después que estaban alucinando, pero otros no –quienes sinceramente creen que su ser querido estaba presente. Probablemente era una mezcla de opinión sobre la aparición de Jesús entre los discípulos, y esta conclusión se apoya en las palabras de Mateo “pero algunos dudaban,” que será discutida en mayor detalle más adelante.
Craig, el más prolífico de los críticos de la alucinación, ha señalado, ”Las alucinaciones nunca habrían llevado a la conclusión de que Jesús había resucitado de entre los muertos… en una alucinación, una persona no experimenta nada nuevo. Esto se debe a que la alucinación no puede exceder el contenido de la mente de la persona. Sin embargo, como veremos, la resurrección de Jesús envuelve ideas completamente ajenas a las mentes de los discípulos. ”[16] En una alucinación, así como en un sueño, una persona puede experimentar algo nuevo en el sentido de que él/ella de forma creativa puede combinar fragmentos de percepciones del pasado en una combinación única. En este proceso la alucinación no “excede el contenido de la mente de la persona.” Sin embargo, dado el contenido de una alucinación en la que Jesús se ve y se oye decir a sus discípulos reunidos “Paz a vosotros”, no hay nada nuevo o ”totalmente ajeno” a las mentes de los discípulos. Craig parece que confunde la experiencia de la alucinación en bruto “Ese es mi Señor de pie allí!” con la conclusión ”Jesús debe haber vuelto a la vida”. Las dos no son lo mismo, a pesar de que están relacionadas. Si un discípulo creía que Jesús había muerto durante la crucifixión, sabía que la tumba estaba vacía, y a continuación “vio y oyó” a Jesús en una alucinación de duelo que él creía era “real”, entonces sería fácil o natural para él llegar a la conclusión que Jesús había vuelto a la vida.
Craig piensa que debido a que los discípulos eran Judíos nunca hubiesen llegado a esta conclusión porque su religión les obliga a creer que no ocurre resurrección antes de que todas las personas sean levantadas de entre los muertos al final de los tiempos.[17] Sin embargo, al examinar de cerca, esto tiene poco sentido. Los discípulos ya creían en la posibilidad -o incluso la realidad – de resurrecciones individuales. ¿No sabían que algunos Judios pensaban que Jesús era Juan el Bautista resucitado de entre los muertos (Marcos 6:14)? ¿No tienen el ejemplo de Jesús resucitando a Lázaro de entre los muertos (Juan 11:1-46)? ¿No escucharon las historias de resurrecciones individuales descritas en las Escrituras? ¿No les dijo Jesús en repetidas ocasiones que él volvería a la vida en unos tres días (Marcos 8:31, 10:34, Mateo 12:40, 16:21, 17:23, 20:19, Lucas 09:22, 18:33; Juan 2:19)? Otra posibilidad es que los discípulos podrían haber creído que Jesús era el primero en ser resucitado en el final de los tiempos a punto de comenzar. La adición de estas ideas familiares de resurrecciones individuales en los días finales a su conocimiento de la crucifixión y la tumba vacía, y a una alucinación de duelo intensa considerada como “real”, es probable que al menos uno o dos de los discípulos haya concluido que Jesús había resucitado de entre los muertos. Si estos discípulos fueron los líderes, como Pedro o Juan, la mayoría de los demás se hubiesen ido con ellos. Un aumento de la emoción, presiones para conformarse, lealtad de grupo, y las ilusiones facilitarían la adopción de la creencia de la resurrección por la mayoría del grupo.

Si un Jesús resucitado realmente se reunió con sus discípulos, no sería probable que veamos las diferencias en los detalles más importantes que en la realidad si se ven en las tres versiones de la historia de los diferentes Evangelios. En Mateo, Jesús supuestamente se reúne con los discípulos en Galilea, pero en Lucas y Juan supuestamente se reúne con ellos en o cerca de Jerusalén. En Mateo, Jesús menciona específicamente a los tres componentes de la Trinidad, pero no en Lucas y Juan. En Lucas, Jesús llama la atención sobre sus manos y pies, en Juan se centra en sus manos y el costado, pero en Mateo no menciona a ninguno de ellos. Jesús comió comida en el relato de Lucas, pero no en el de Mateo y Juan. Jesús discute el cumplimiento de las Escrituras en Lucas, pero no en las otras dos versiones. En Juan, Jesús da a sus discípulos la autoridad para perdonar los pecados y sentir el Espíritu Santo sobre ellos, pero esto no sucede en las otras dos versiones. Estas diferencias no son acerca de detalles insignificantes, sino sobre puntos importantes! Si un Jesús resucitado se había reunido realmente con sus discípulos, es de esperar que los autores de los evangelios hubieran hecho una cuidadosa investigación y obtenido los datos principales correctos, dando una historia más coherente de Evangelio a Evangelio. Los detalles diferentes apuntan a teologías en competencia, intentos de llenar vacíos, y/o esfuerzos para responder o silenciar a los críticos.
El académico Dr. Bart Ehrman sobre la dudosa historicidad de los evangelios y algunas de sus varias diferencias narrativas internas
Por desgracia, las historias del Evangelio acerca de las apariciones post-crucifixión de Jesús, constituyen evidencia precaria para acercarse a una confirmación o una refutación tanto de de la hipótesis de alucinación o de la hipótesis de la resurrección. ¿Por qué? Estas historias fueron escritas 40-70 años después de la crucifixión. Los autores claramente no se identifican a sí mismos, ni ninguna fuente que podrían haber utilizado. Las historias están escritas en tercera persona en lugar de primera persona, que habría sido el modo de reporte probable de un testigo real o sujeto alucinando. La especificación de los lugares, fechas y horas no es confiable. No hay buenas razones para concluir que estas historias fueron escritas por alguno de los discípulos o verdaderos contemporáneos de Jesús. Si todos los 10 u 11 discípulos hubiera escrito (o incluso dictado) reportes claros, completos, independientes, y de primera mano acerca de su experiencia, o de la conexión a la supuesta aparición de Jesús, entonces tendríamos alguna buena evidencia para trabajar. Si tuviéramos este tipo de pruebas, entonces seríamos capaces de comparar los reportes y acercarnos mucho más a la verdad. Lo que podemos concluir con firmeza, con la evidencia que tenemos, es que la hipótesis de la alucinación no se puede descartar, y sin duda tiene mucha mayor probabilidad a priori que la hipótesis de la resurrección.
Un detalle citado anteriormente inclina la balanza de la evidencia a favor de la hipótesis de la alucinación y en contra de la hipótesis de la resurrección. En referencia a nuestra historia final, Mateo 28:17 dice “Y cuando le vieron, le adoraron, pero algunos dudaban.” Esto significa que, al mismo tiempo en el que los discípulos vieron y adoraron a Jesús, algunos en el grupo dudaron! Pero, ¿Cuántas dudaron y quiénes fueron? ¿Qué es lo que dudan? ¿Pusieron en duda que Jesús estaba en realidad presente? ¿No tenían una alucinación que otros tenían? ¿Tenían una alucinación que los otros tenían, pero concluyeron que no representaba la presencia real de Jesús? ¿Pensaban que un hombre delante de ellos en realidad no era Jesús, sino alguien distinto? No podemos responder a estas preguntas. Sin embargo, si la hipótesis de la resurrección de Jesús era verdadera y Jesús realmente estaba de pie entre sus discípulos, es muy poco probable que alguno dudara. Por otro lado, si uno o dos discípulos experimentaron una alucinación de Jesús y los otros no lo hicieron, entonces es muy probable que algunos pudieran dudar.
Los apologistas cristianos suelen decir que la mayoría de los discípulos murieron con el tiempo porque se negaron a abjurar de su creencia en la resurrección de Jesús y que esto no habría ocurrido si supieran que su creencia había venido de su propia fabricación o de la de alguien más. [18] No es claro desde el registro que todos los discípulos que fueron ejecutados, fueron asesinados en concreto a causa de su creencia en la resurrección, pero vamos a suponer que algunos de ellos lo fueron. A pesar de que parece poco probable que ellos murieran por una mentira, parece plausible o incluso probable que morirían a causa de una alucinación de la que no fueron capaces de distinguir de la realidad. No es infrecuente que la gente esté dispuesta a convertirse en mártires a causa de sus sinceras creencias religiosas. Los ataques terroristas del 9-11 son pruebas abundantes de ello.
La hipótesis de la alucinación se aplica aquí a una solo supuesta aparición de Jesús post-crucifixión resumida en los tres relatos del Evangelio. Puede o no puede aplicarse a los otros cinco relatos de las apariciones. Hipótesis seculares o naturalistas deben ser, o ya han sido desarrolladas, para dar cuenta de ellas. En su mayor parte, los ataques a las hipótesis de alucinación por los apologistas cristianos han sido mal concebidos y mal informados por la psicología moderna. Sobre la base de un examen cuidadoso de los Evangelios y nuestro conocimiento actual de la mente humana, parece que una hipótesis de alucinación es muy superior a una hipótesis de resurrección en la contabilización de los ’hechos’ de la historia después de la crucifixión. Hipótesis seculares o naturalistas fácilmente dan cuenta de los datos que tenemos, la hipótesis de la resurrección es ”super-improbable,” [19] y por lo tanto en este estado de nuestro conocimiento debemos ser escépticos de la misma.
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Nota del Traductor: Las imágenes y vídeos publicados no formaban parte de la publicación original en Skeptic.com
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Sobre el Autor
Gary Whittenberger, Ph.D., es un psicólogo jubilado y escritor independiente de Tallahassee, Florida. Trabajó como psicólogo clínico y administrador de programas en las cárceles durante 23 años, pero ahora dedica su tiempo al estudio de problemas filosóficos y religiosos. Ha publicado artículos en Skeptic, Skeptical Inquirer, CSER Review, American Atheist magazines, y es miembro del comité directivo de la comunidad de Tallahassee del Center for Inquiry.
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Referencias
- Licona, Michael R. 2010. “Were the Resurrection Appearances of Jesus Hallucinations?” Evidence for God: 50 Arguments for Faith from the Bible, History, Philosophy, and Science. William Dembski and Michael R. Licona (Eds.). Grand Rapids: Baker Books, 177.
- Rees, W. D. 1971. “The Hallucinations of Widowhood.” British Medical Journal4.37: 37–41.
- Grimby, A.1993. “Bereavement Among Elderly People: Grief Reactions, Post-bereavement Hallucinations and Quality of Life.” Acta Psychiatrica Scandanavica 87.1: 72–80. Cited in Archer, John. 1999, The Nature of Grief: The Evolution and Psychology of Reactions to Loss. New York: Brunner-Routledge, 79.
- Licona. 177.
- Habermas, Gary R., and Michael R. Licona. 2004. The Case for the Resurrection of Jesus. Grand Rapids: Kregel, 106.
- Licona. 178.
- Nickell, Joe. 1998. Looking for a Miracle: Weeping Icons, Relics, Stigmata, Visions & Healing Cures. Amherst, New York: Prometheus, 174.
- Nickell. 176–177.
- Nickell. 181–182.
- Habermas and Licona. 106.
- Habermas and Licona. 107.
- Craig, William Lane. 2000. The Son Rises: The Historical Evidence for the Resurrection of Jesus. Eugene, Oregon: Wipf and Stock, 120.
- Craig. 119.
- Carrier, Richard C. 2004. “Reply to McFall on Jesus as a Philosopher.” Accessed September 7, 2011.http://www.richardcarrier.info/McFallRebuttal1.html#s9
- Craig. 120.
- Craig. 121.
- Craig. 129.
- Habermas and Licona. 59.
- Whittenberger, Gary J. 2010. God Wants You to be an Atheist: The Startling Conclusion from a Rational Analysis. Denver: Outskirts Press, 98.
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